Patrono de los Animales, Veterinarios y de los Ecologistas
“Dios creó a todas las criaturas con amor y bondad, grandes, pequeñas, con forma humana o animal todos son hijos del Padre y fue tan perfecto en su creación que dio a cada uno su propio entorno y a sus animales un hogar lleno de arroyos, árboles y prados hermosos como el propio paraíso”.
Muchas son las personas devotas de San Francisco de Asís, el santo italiano nacido en Asís en el año 1182 y que renunció a todas sus riquezas materiales para dedicar su vida a ayudar, acompañar y a guiar a todos los seres vivos, en especial, a los animales, a quienes consideraba sus “hermanos menores”.
Son muchas las anécdotas que cuenta la conexión especial y el poder que Francisco tenía con los animales.
Cuenta la historia que todas las especies lo escuchaban y le obedecían sus órdenes, entre ellas las golondrinas, quienes lo seguían en bandadas y formaban una cruz por encima de donde él predicaba. Un lobo salvaje que devoraba las ovejas de los pastores y atacaba a los hombres, dejó de agredir tras ser amansado por San Francisco.
Con el paso del tiempo, estas anécdotas que demuestran el amor de San Francisco por la naturaleza fueron las que motivaron a la Organización Mundial de Protección Animal a instaurar el 4 de octubre (fecha en la que falleció el santo) como Día Mundial de los Animales.
El Papa Juan Pablo II lo proclamó Patrono de los Animales y de los Ecologistas en 1980.
Los retratos más antiguos de San Francisco se encuentran en Italia.
Su vida
Se le llamó Francisco por el pueblo de Francia, su padre Pedro Bernardone, fue un comerciante que trabajaba en Francia y como se encontraba en dicho país cuando nació su hijo, la gente lo apodó «Francesco» (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan.
Cuando tenía cerca de 19 años, antes de su conversión, se unió al ejército y luchó en una guerra que se libró entre las ciudades de Perugia y Asís, donde fue prisionero durante un año
Su vida se inspiró en Mateo 10,9. Jesús dice a sus discípulos: «no lleven oro, plata o monedas en el cinturón» cuando viajen para predicar el Evangelio. El santo se sintió inspirado a hacer lo mismo y comenzó a viajar para predicar el arrepentimiento en pobreza.

San Francisco redactó una regla breve e informal con consejos evangélicos para alcanzar la perfección junto a sus 12 seguidores, luego viajaron a Roma para presentar el escrito para la aprobación del Papa, el viaje fue a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad y viviendo de las limosnas que la gente les daba.
El Papa Inocencio III decidió apoyar a los franciscanos después de un sueño sobrenatural en el que vio al santo sosteniendo con su cuerpo la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de la diócesis de Roma, que estaba a punto de derrumbarse. El Santo Padre interpretó el sueño como una indicación de que San Francisco y su grupo podrían servir de apoyo a la Iglesia y así les dio el reconocimiento oficial como una orden religiosa.
Asistió al IV Concilio de Letrán, donde conoció a Santo Domingo de Guzmán
Fue el concilio ecuménico número 12 de la Iglesia Católica en el que se ratificó la transubstanciación y la primacía papal, entre otras cosas y Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores o Dominicos, también estuvo presente.
Visitó a un sultán musulmán, le predicó el Evangelio y lo desafió
Durante la quinta cruzada, San Francisco y un acompañante viajaron a un territorio musulmán para visitar al sultán de Egipto y Siria, Al-Kamil.
Predicó ante el sultán y para demostrar su gran fe en la religión cristiana, desafió a los presentes a un «juicio de fuego» que consistía en que él y un musulmán caminaran por un sendero en llamas, con la idea de que el seguidor de la religión verdadera debía ser protegido por Dios. San Francisco se ofreció a ir en primer lugar, pero Al-Kamil rechazó el desafío, no obstante, el sultán quedó tan impresionado por su fe que le dio permiso al santo para predicar en su tierra.
Detuvo los milagros de un franciscano fallecido
En 1220, San Francisco se retiró del gobierno de la Orden y nombró como su Vicario a Pedro Cattani. Sin embargo, Pedro murió sólo cinco meses después. Los visitantes a su tumba reportaron muchos milagros, lo que llevó a grandes multitudes al lugar. Las muchedumbres causaban problemas en la zona por lo que el santo le rezó a Cattani para que se detuvieran los milagros y estos cesaron.
Recibió estigmas mientras realizaba ayuno de 40 días
Los estigmas son una condición en la que las heridas de Cristo aparecen sobrenaturalmente en el cuerpo de una persona.

Un franciscano que lo acompañó dijo:
«De repente vio una visión de un serafín, un ángel de seis alas en una cruz. Este ángel le dio el don de las cinco llagas de Cristo».
Esto sucedió en 1224 durante un ayuno de 40 días en el Monte Alvernia, cuando se preparaba para la Fiesta de San Miguel Arcángel, el 29 de septiembre.
El santo murió el 3 de octubre de 1226 y fue canonizado por el Papa Gregorio IX el 16 de julio de 1228, y al día siguiente, el Santo Padre puso personalmente la primera piedra de la nueva basílica de San Francisco de Asís.
La primera piedra de la Basílica de San Francisco de Asís se colocó al día siguiente de su canonización. Mientras que su cuerpo fue trasladado a su basílica en 1230, pero pronto fue ocultado por los franciscanos para protegerlo de los invasores sarracenos. La tumba de San Francisco se perdió durante siglos hasta que fue redescubierta en 1818, su cuerpo había quedado en el olvido y en 1818 fue nuevamente redescubierto.


